RAYADOS
Logotipo
contaminacion

Aire peligroso

Enrique Ganem
Por Enrique Ganem

El desarrollo explosivo de la tecnología en el siglo XX tomó a todo mundo por sorpresa. En solo un par de generaciones lo imposible se convirtió en cotidiano: hablar en vivo con personas situadas al otro lado de un océano (o del mundo entero), volar grandes distancias con seguridad e incluso ver el panorama de la superficie de otros mundos.

Este desarrollo fue tan rápido que al principio no nos dimos cuenta de las responsabilidades que genera y no fue sino hasta la década de los 50 cuando comenzamos a ver las consecuencias del desarrollo descontrolado.


La niebla asesina

En el mes de diciembre de 1952, la ciudad de Londres quedó cubierta por una espesa niebla. Esto no inquietó a la población; la niebla londinense es un elemento común en la vida de la ciudad y es mencionada incluso en la literatura cuando menos desde el Renacimiento. En esa ocasión, la niebla parecía más densa de lo normal; resultaba imposible ver lo que sucedía a unos cuantos metros de distancia y el tráfico se paralizó; incluso las ambulancias y otros vehículos de emergencia dejaron de circular porque era imposible ver los obstáculos del camino a tiempo para evitarlos.

En pocas horas, los hospitales de la ciudad comenzaron a llenarse con personas que experimentaban problemas respiratorios, algunos de ellos muy serios. Nadie se alarmó demasiado, cuando menos al principio, pero en las semanas que siguieron, el número de casos siguió creciendo. No fue sino hasta el mes de febrero siguiente que el asunto llegó a la Cámara de los Comunes (el equivalente a la Cámara de Diputados en nuestro sistema político). Para entonces, el Sistema de Salud estimaba que cuando menos unas 6,000 personas habían muerto como consecuencia de las curiosas condiciones meteorológicas de los últimos días de 1952. En la actualidad, los expertos que han analizado los registros de los hospitales de la época estiman que cuando menos 12,000 personas murieron y unas 100,000 enfermaron como consecuencia de la Niebla Asesina.

La experiencia de Londres se ha repetido a distintas escalas en muchas ciudades del mundo.

La niebla de Londres fue consecuencia de la combustión de grandes cantidades de carbón y gasolina (entre otras cosas) y de las condiciones climáticas de esos días; la falta de viento y el exceso de humedad en el aire agravaron lo que ya era un problema de salud pública muy serio, pero que no había sido reconocido hasta ese momento. A partir del examen de las estadísticas, quedó claro que la contaminación del aire mataba silenciosamente a miles de personas todos los años solo en Londres.

 

En busca de una alternativa

En las décadas que siguieron, las sociedades más avanzadas se hicieron cada vez más conscientes de la calidad del aire que respiraban (una de las primeras fue la ciudad de Los Ángeles, en donde aún ahora resulta casi imposible transportarse en forma efectiva y oportuna sin automóvil). Fueron entonces desarrollados nuevos combustibles, nuevos motores, convertidores catalíticos, filtros industriales y muchos otros elementos para reducir la emisión de sustancias contaminantes y también para eliminar a los contaminantes más peligrosos (como las sustancias ricas en plomo, generadas por las gasolinas antiguas). A pesar de estos esfuerzos, la contaminación atmosférica en las grandes ciudades sigue siendo un problema grave y un estudio reciente reveló que la gravedad es mucho mayor de lo que queríamos creer.

En 1990 inició un proyecto internacional dedicado a establecer los factores que afectan la salud general de la humanidad. Este proyecto involucró a más de 500 investigadores, la mayoría de ellos de gran prestigio, de más de 50 países diferentes (algunos de ellos son colaboradores activos de la Organización Mundial de la Salud).

Los resultados que anualmente ofrece el Global Burden of Disease Project (en español sería algo así como Proyecto para el Análisis Global del Costo de las Enfermedades) resultan de gran valor para los médicos individuales, hospitales e incluso para las secretarías de salud de la mayoría de los gobiernos del mundo. Recientemente (en el pasado mes de febrero), una de las conclusiones de este proyecto generó una gran inquietud en todo el mundo: cada año mueren 5.5 millones de personas en todo el mundo como consecuencia de la contaminación atmosférica.

 

 

Contaminación atmosférica

La noticia de la existencia de una causa de muerte evitable que rebasa con mucho a las enfermedades que, durante décadas, fueron consideradas como las principales causas de defunción generó en la comunidad médica mundial la misma sensación desagradable que sentirías si te despertaran de tu plácido sueño dominguero, a las 5 de la mañana, con una cubetada de agua llena de hielos... o pirañas hambrientas.

Uno de los componentes principales de la contaminación atmosférica es el químico; los gases producidos por la combustión de gasolina y diesel son nocivos, pero desde la invención de los convertidores catalíticos muchos de los peores componentes químicos producidos por esta causa se han reducido mucho. El convertidor catalítico permite la destrucción de casi todas las moléculas de gasolina a medio quemar (que son cancerígenas y corrosivas, entre otras monerías).

 

El término “contaminación atmosférica” puede resultar engañoso; cuando lo escuchas, seguramente piensas en el humo que sale del escape de tu auto. En realidad existen muchos tipos y causas diferentes, y cada ciudad del mundo tiene su propia mezcla peculiar de contaminantes peligrosos...

Otro componente importante es el de las “partículas suspendidas” (léase “polvo”). Estas partículas pueden ser microscópicas (con un tamaño menor a una milésima de milímetro) y pueden llegar a tener hasta unos pocos milímetros. En algunos casos, estas pueden tener una composición química preocupante y tienen un origen claramente artificial (por ejemplo, en el caso de los residuos producidos por algunas industrias que producen o procesan plásticos) mientras que en otros se puede tratar de materiales comunes, como el polvo de terrenos baldíos.

Todas las partículas suspendidas, incluso las naturales, pueden tener un efecto nocivo en la salud: el polvo puede estar cargado con bacterias y otros microorganismos peligrosos, puede tapizar a los alveolos pulmonares y reducir su efectividad y también puede irritar o destruir a las células de las vías respiratorias (la irritación a largo plazo es capaz, en algunos casos, de producir cáncer). Este último efecto puede ser producido por los residuos del escape de los autos, o por causas naturales (por ejemplo, en algunos lugares existen rocas que tienen una cantidad pequeña pero tangible de arsénico, este elemento puede entrar a los pulmones en el polvo producido por la erosión de las rocas; el arsénico, incluso en cantidades diminutas, puede favorecer el desarrollo de varias formas de cáncer; por cierto, lo mismo pasa con un mineral más o menos común, el asbesto). Existen también factores físicoscomo la temperatura o la humedad (cuando alguno de estos factores es muy bajo, o muy elevado, nuestra salud es afectada). Estos factores pueden ser alterados por la actividad humana en forma notable (y cuando eso ocurre, se pueden considerar como parte del problema de contaminación atmosférica).

 

Diversidad de agentes contaminantes

Como te decía antes, cada ciudad tiene su propia mezcla contaminante y resulta casi imposible medir en detalle cada uno de los factores relevantes. Para determinar la calidad del aire en una ciudad, se mide la cantidad de algún contaminante que sirve de índice general. Un buen ejemplo es el ozono.

No tengo espacio para explicarte el porqué, pero normalmente cuando sube la concentración de ozono en la atmósfera de una ciudad también sube la concentración de otros contaminantes atmosféricos. Es por esto que se usa el índice de concentración de ozono para declarar emergencias ambientales y para restringir el tránsito vehicular. El problema es que existen muchos otros factores en esta ciudad que pueden producir un aumento de las partículas suspendidas y el ozono que no tienen que ver con los vehículos.

En estas fechas, muchos agricultores queman los residuos de sus cosechas anteriores para preparar el suelo para nuevos cultivos (si no me crees, solo trata de sentir el aroma del aire de la ciudad por la mañana; esta práctica, por cierto, es muy reprochable desde el punto de vista ecológico... otro día te diré por qué). Estos residuos de combustión, al igual que los que salen por el escape de tu auto, pueden producir ozono. El reducir la circulación vehicular no reducirá el ozono en forma apreciable en estos casos. Por otra parte, el Popocatépetl ha tenido muchas exhalaciones importantes en estos días, y en cada una de ellas no solo genera ceniza (que aumenta en mucho la cantidad de partículas suspendidas), sino que también produce gases peligrosos como el dióxido de azufre, idéntico al generado por los motores diesel.

En los muy escuetos datos oficiales que sustentan las medidas adoptadas en la Ciudad de México para enfrentar el problema ambiental de estos días no hay suficiente información para decidir si son las más apropiadas (aunque es claro que el reducir el tránsito vehicular ayudará en forma tangible). Si las partículas suspendidas son producidas por la quema agrícola (y de basura, por cierto), la restricción vehicular no producirá un cambio apreciable. Por otra parte, el sistema de salud no ha reportado un aumento apreciable de casos de personas enfermas de las vías respiratorias (como ocurrió en Londres, en 1952). No parece existir una justificación médica para estas medidas.

En resumen, la contaminación atmosférica es un problema de salud de gran importancia en todo el mundo, pero las medidas que se toman en muchas ciudades para enfrentarlas no tienen un sustento suficientemente claro. Si consideras el costo económico y social de estas medidas (que es muy grande y tiene muchos vericuetos), probablemente estarás de acuerdo conmigo en que estas medidas deberían estar ampliamente justificadas con más datos, explicaciones e información objetiva.

 

CERN-2

Tal vez te interese

Medida Preventiva

Cern

Soles Sinteticos

Cuidados Familiares