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Cuidados Familiares

Enrique Ganem
Por Enrique Ganem

Las mejores ideas de la ciencia tienen una cualidad especialmente profunda: son unificadoras.

Cuando Newton presentó su teoría de la gravedad, reveló al asombrado mundo intelectual de su época que el mismo fenómeno que gobierna la caída de una simple manzana es responsable por el movimiento de los astros. Por primera vez, nos dimos cuenta que el cielo y la tierra eran la misma cosa. El impacto social y emocional fue enorme y repercutió en todos los rincones de la sociedad.

Otra idea igualmente unificadora, y conmovedora, es la presentada por Charles Darwin en 1859. Con su teoría de la evolución reveló la profunda e indisoluble liga que tienen todos los seres vivos, y abrió el camino para empezar a entender a la vida como un fenómeno natural, resultado del juego de las reglas inflexibles y universales que controlan a toda la materia del cosmos.


Camino evolutivo

En los años que han transcurrido desde entonces, hemos descubierto que todos los aspectos de nuestra vida, desde las funciones más básicas de nuestro cuerpo hasta las emociones más profundas y trascendentes, tienen su origen en el increíblemente largo e intrincado camino evolutivo que nos une con el primer ser vivo del planeta, que probablemente vivió hace más de 4,000 millones de años (si hay que creerle a un trabajo publicado recientemente... pero esa es una historia para otra ocasión).

En nuestro ADN podemos encontrar genes que controlan procesos muy complejos, como el proceso molecular de los azúcares. Esos genes son casi idénticos a los que encontramos en un hipopótamo, en una lagartija común o en un huachinango. En muchos casos, existen genes en nuestras células que son prácticamente idénticos a los que se encuentran en bacterias muy primitivas.

Lo que pasa con los genes también pasa con el comportamiento. Uno de los aspectos más trascendentes, positivos y fundamentales de nuestra naturaleza es el cuidado a los pequeños; muchos de los mejores sentimientos y acciones de nuestros semejantes tienen que ver con el amor y cuidado a los hijos. 

Como era de esperarse, esta cualidad la encontramos, desarrollada en distintos grados, en muchos seres vivos. Incluso animales como los cocodrilos o algunas percas de río hacen esfuerzos continuos y extraordinarios para asegurar el bienestar de sus crías.

Esta cualidad, al igual que el resto de todos los aspectos de nuestra naturaleza, necesariamente evolucionó a lo largo de un tiempo casi interminable, y ahora gracias a nuevas técnicas paleontológicas, es posible revelar algunos aspectos de su historia.

 

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Nuevos hallazgos

En los últimos años hemos encontrado muchos fósiles de distintas etapas de la historia de la vida que demuestran que muchos organismos del pasado también cuidaban de manera especial a sus crías; los dinosaurios, por ejemplo, en algunos casos anidaban en grandes grupos para cuidar mejor de sus crías, y hay evidencia que sugiere que llevaban comida al nido con regularidad.

En 1909 Charles Walcott descubrió un afloramiento de rocas ricas en fósiles en las Montañas Rocosas en Canadá. En pocos años, logró extraer una gran cantidad de fósiles muy antiguos y de altísima calidad. A la enorme cantidad de piezas extraídas por Walcott se suma una montaña de nuevas muestras recuperadas por otros paleontólogos desde entonces.

Recientemente, un grupo de paleontólogos de la Universidad de Toronto revelaron unas emotivas imágenes de un ejemplar de Waptia (un organismo vagamente similar a un camarón); gracias a las técnicas avanzadas de la microscopía moderna, pudieron revelar algo inesperado.

 

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Hace 508 millones de años, cuando comenzaban a aparecer los primeros animales multicelulares, algunos de ellos, como Waptia, ya cuidaban de sus pequeños. En el interior del cuerpo de este fósil se puede ver con claridad un paquete de huevos cuidadosamente guardados en el interior del cuerpo del padre.

Muchas de las mejores emociones y sentimientos de nuestra naturaleza tienen que ver con el cuidado que le ofrecemos a nuestros semejantes. Este descubrimiento revela que uno de los aspectos más fundamentales y apreciables de nuestra condición humana, la capacidad de cuidar de otros, se encuentra en la base misma de nuestra historia.

 

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